¿Por qué practicarlo?

Practicar una modalidad deportiva o de trabajo con nuestro perro es una forma excelente de consolidar una relación mutuamente satisfactoria, de aprovechar y desarrollar su potencial físico y psicológico y de conocernos mejor.

Hay muchas posibilidades a la hora de elegir una disciplina u otra, pero para nosotros el agility presenta varias ventajas:

  • Nos obliga a trabajar la socialización del perro. Si bien la socialización es un requisito previo para un adecuado desempeño en el agility, sus eventuales carencias y problemas asociados (desconfianza y miedo) no deberían hacernos desistir, puesto que la propia práctica de una disciplina de trabajo en un entorno agradable puede ser en sí misma una magnífica terapia, independientemente de nuestras posibilidades para optar a la competición.
  • Debe ser y si lo hacemos bien lo será, una opción muy lúdica y divertida.
  • Implica un alto grado de control sobre nuestro perro, en la medida en que debemos aspirar a un manejo exento de cualquier tipo de control físico en entornos concurridos, en presencia de más perros y personas.
  • Se basa principalmente en la comunicación gestual, que es la forma más natural y eficaz de comunicarnos con nuestros perros.
  • Si bien el control es necesario, trasciende la mera obediencia, entendida como la ejecución de acciones específicas ante comandos concretos, algo que para algunos entre los que me encuentro, no resulta demasiado gratificante ni motivador.
  • Es altamente dinámico, por lo que resulta más divertido que la mera obediencia.
  • Implica una determinada capacidad física, que en nuestros perros viene de serie.
  • No implica una mera ejecución de órdenes, es un verdadero deporte para el perro y para el guía, y por tanto un ámbito en el que nosotros mismos deberemos trabajar y potenciar nuestra agilidad, rapidez y principalmente coordinación.